EL ANCIANO QUE NO QUIERE ENVEJECER
EL ANCIANO QUE NO QUIERE ENVEJECER
El camino se te antoja más pedregoso
que nunca, con su bastón el anciano se entretiene en quitar algunos guijarros,
que se encuentra en su camino, va protestando entre dientes, aunque vaya solo, murmura
añorando tiempos pasados,
cuando era capaz de ir por ese mismo sendero, a menos
de cuatro minutos el
La respiración se entrecorta,
cuando está llegando al final del trayecto, hace una parada en un remanso de
sombra, bajo un alto castaño, como no tiene una piedra, donde sentarse, se apoya
con las dos manos en la curvatura de su bastón, dejando caer ligeramente su
tronco hacia adelante. Su respiración se va pausando cuando cree que ya va
recobrado brío suficiente para afrontar el último tramo que le queda, se cruza con
su vecino Nemesio, que le saluda sonriente:
-
Hola don Manuel, cuesta la cuesta, con esta calor.
-
No, Nemesio no, lo que cuesta son los años,
cuando yo era más joven, tenga en cuenta que un día lo fui, me refiero a joven,
no me llevaba ni tres minutos subir desde la carretera, pero en aquellos
tiempos Nemesio, en una pista, algunas veces corría el kilómetro, en el tiempo,
que hoy me llevó hacer cien metros de este condenado camino, pero de aquella
estaba en mejor estado.
-
Pero don Manuel, si este lo acaban de adecentar,
nunca estuvo tan bien, ¿cómo dice usted eso?
-
Bueno hombre, ahora me va a decir como estaba y
como está…
-
Vale, vale, ya le queda menos de treinta metros
para la casa, quiere que le acompañe.
- Dios le líbre, agradecido, pero, aunque achacoso, aquí hay un hombre todavía, correr, lo que se dice correr, va a ser que no, además como dice uno de la tele, que ahora no recuerdo quien es, si hay que ir (corriendo me refiero) se va, para ir para
naaa, es tontería. Yo como los caracoles. Poquito a poco, pero con paso firme y seguro, Ya corrí todo lo que había que correr. Ahora hay que tomar la vida con calma, ahora le toca a ustedes los jóvenes, darles a las piernas.
-
No le falta razón don Manuel, vaya con cuidado.
-
Igualmente, cuidado con el camino, que, para
estar recién apañado, tiene cada piedra saliente que igual le da un disgusto.
Con Dios muchacho…
Manuel se animó y consiguió llegar al portal de su casa, colgó por el mango el bastón de uno de los travesaños de éste y se puso a rebuscar en los bolsillos, las llaves que no acaba de localizar. De pronto se abrió el portal de la casa de enfrente y salió su vecina Benita, mucho más joven que él, quien con su habitual
sorna gallega le saludo:-
Buenas vecino. ¿Está sujetando que no se caiga
el portal, o está haciéndolo para no caerse usted?
-
No Benita no, sabía que iba a abrir la puerta y
quería darle un motivo de conversación.
-
Ah ya me parecía, esta cuesta es dura y subirla
con esta calor más…
-
Ya, ya…de tal palo tal astilla…
-
¿Cómo?
-
Nada, nada, me preguntaba porque su hijo se
llama Nemesio, siendo usted Benita y su difunto Benito.
-
Por variar, don Manuel, por variar. Volviendo al
tema, no esta usted para subir esta cuesta y menos con esta calor.
- Venga ya, aún todavía soy capaz de subirla
incluso con usted en brazos…
-
Eso… ¿significa una proposición?
-
¡Que proposición y que gaitas! Quiero decir que,
aunque me vea con bastón tengo fuerza para hacer eso y mucho más. El bastón es
por la puñetera ciática, que con esta calor irradiada, me obliga a apoyarme en
algo, pero aun así ando más kilómetros que muchos jovenzuelos.
-
Bueno, bueno, no se tire de la moto, en su
tiempo era una cosa, pero ahora no cabe duda de que es otra.
-
Si, Benita si, pero nunca oyó decir que quien
tuvo retuvo, mírese usted, para hacer cuatro pasos, le obliga a su Dionisio a
mover el coche.
-
Eso solo es verdad cuando tengo que cargar
mucho.
-
¡¡¡Aquí están!!!
-
¿Cómo dice?
-
Las llaves, que se me enredaron en el pañuelo y
no las encontraba.
-
Ah, bueno, ya me estaba mosqueando tanto meneo
en el bolsillo
-
Adiós Benita adiós, me voy para dentro a la
sombra, que ya por hoy llevo la cabeza bien caliente y no toda la culpa es del
sol.
-
Chao don Manuel, que siga siempre así, con Vigo y
JUVENTUD…
Manuel entró en casa de mal
humor, rumiando entre dientes: menudos cotillas estos vecinos, me quieren tomar
por viejo.
Abrió el frigorífico, cogió un
refresco de cola, lo puso en un vaso con cubitos de hielo, lo regó todo con un
buen chorro de güisqui y ante un retrato de su difunta Luisa brindó: Por
nuestras aventuras de juventud Luisa…
JOVI MOORE.



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