NAVIDADES QUE NO SE OLVIDAN
Por unas u otras razones, hay fiestas navideñas, que te marcan como grabadas a fuego, por más que pase el tiempo. En los aledaños de las navidades de 1981, recién llegado a Pontevedra, disfruté de una apacible jornada cinegética, al llegar a casa cuando estaba a punto de dejar el auto en la cochera y cuando ya los perros descansaban en la perrera, escuché una voz familiar, que se me antojó extraña, pronto me di cuenta de que algo no iba bien, desafortunadamente la intuición era acertada. La niña pequeña, que no había cumplido todavía los dos años, había debutado con un pico de fiebre, que de forma extraña había derivado en estrabismo de ambos ojos. Me cambié a toda prisa la ropa campera y nos fuimos a toda velocidad al hospital. Un pediatra no nos dio muchas expectativas, pero dedicó bastante tiempo para estudiar el caso. Nos hizo pasar a su despacho y con semblante serio nos dijo: -Tiene la traza de ser un problema vírico, pero no un virus común, creo que lo que tiene la ni...